Tuesday, June 26, 2007

La Redacción: ¿Por qué el culto a Kind of Blue, el disco de Miles Davis?



Prefacio
Cuando estudiaba la licenciatura, un compañero llamado Jesús me pidió un texto sobre algún disco para una revista que pensaba sacar. Según tengo entendido dicha publicación nunca vio la luz, así que me tomo la libertad de utilizar este texto en Pregunta del Día. Mi oído era todavía verde y lleno de ilusiones cuando lo escribí, y confieso que en muy buena parte se basa en lo que leí en los liner notes del folleto del disco (Wikipedia no era el pan de cada día en aquellos lejanos tiempos). El texto le pareció bien a un jazzista profesional de Vallarta -un músico, debo admitir que el revisor más pertinente sería un crítico- así que me doy por bien servido, si bien hoy (3 años después) muy posiblemente escribiría algo distinto. Aunque no soy ningún experto posiblemente haría algo menos mistificado, así que sería más aburrido. Disfruten.

Kind of Blue

Una vez le pregunté a mi padre cual era el mejor disco de jazz de la historia. “Muchos consideran que Kind of Blue de Miles Davis” fue su respuesta poco comprometedora, a él nunca le dio por ser erudito sino más bien por disfrutar. Yo hasta aquel entonces, con excepción de algunas cosas de Dave Brubeck, sólo conocía el bebop. Comencé así con mi primer disco de cool jazz, escuchándolo completo casi todos los días. Mientras que la música (al principio lenta e inaccesible) me iba absorbiendo, comencé a adentrarme en los detalles anecdóticos del disco.

Frecuentemente se cita una frase del baterista, James Cobb, para resumir la leyenda que rodea a la grabación: “must have been made in heaven”. Se dice que cuando llegaron los demás músicos, Miles Davis terminaba de escribir los temas que habrían de grabarse en la sesión, apenas unas indicaciones esqueléticas en unas hojas, fundamentalmente acordes.

Por aquella época Miles se quejaba de que la armonía en el jazz se estaba volviendo demasiado compleja, los acordes ya no sólo se tocaban con novena, sino con undécima y décimo tercera, el barroquismo y rapidez de las progresiones eran exageradas. Simplificando la armonía, Miles Davis consigue el espacio necesario para una libertad de la melodía sin precedentes, lo que posteriormente adquiriría el nombre definitivo de jazz modal. Como ya se usaba desde el bebop, estas composiciones comienzan con un arreglo que tocan todos para proseguir con las improvisaciones individuales. Al indicar no sólo el acorde sobre el cual improvisar sino el modo (de carácter determinante para el feeling de la improvisación), el solista queda obligado a explorar una serie de texturas sin que por ello quede limitada su capacidad para expresarse a través de su propio estilo.

Acaso por tratarse de viejos amigos y todos ellos grandes músicos, o -visto desde una perspectiva más romántica- por estar en sintonía, el disco se grabó en tan sólo dos sesiones, todos los tracks menos uno (Flamenco Sketches) capturados en el primer take. El trabajo de Cobb en la batería y de Paul Chambers en el bajo, más que ser un soporte en segundo plano, colorea y enriquece los distintos solos. En el resto de la alineación hay dos pianistas. Mientras que Bill Evans aporta un sonido denso y original tanto en su rol armónico como de solista, a Miles le pareció que el formato de blues del segundo track (Freddie Freeloader) ameritaba la participación de su antiguo colaborador Wynton Kelly. Éste ultimo acaso más ortodoxo, a la vieja usanza aporta un solo más melódico con su inconfundible estilo bluesero.

Desde las primera vez que escuché el disco me llamaron la atención dos cosas por

motivos opuestos, la calmada elocuencia de la trompeta de Miles Davis y su contraparte, las ejecuciones rápidas y casi histéricas del sax tenor de John Coltrane. A pesar de esto el primero no desespera y el segundo no parece desesperado, ambos a su modo exploran sentimientos tan sutiles que sería injusto englobar bajo la abstracta tristeza.

Irónicamente sus personalidades fueron opuestas en la vida real, Miles se dio a conocer frecuentemente por su carácter explosivo, mientras que el dócil Coltrane no dejó nunca de mostrar su veta espiritual. El primero pensaba que la vida y la música eran una cuestión de estilo, el joven Coltrane que el arte debía mostrar las cosas hermosas del universo y ayudar a liberar a la humanidad de sus ataduras autoimpuestas.

Colaboraron juntos durante un tiempo, durante el cual una vez que John Coltrane llevaba más de media hora tocando un solo, Miles Davis le dijo en tono de queja a uno de los músicos “Take the horn out of his mouth!”. Efectivamente, los solos del saxofonista se fueron haciendo más largos, rápidos e intensos; ya cercano a la música atonal fue uno de los pioneros del free jazz, su mentor siguió el camino opuesto contribuyendo a generar el fusion. Uno llevando la improvisación hasta sus últimas consecuencias, el otro retando los límites del jazz al mezclarlo con otros géneros.

El disco, sin embargo, no sería lo mismo sin las intervenciones de Julian “Cannonball” Adderley en el saxofón alto. El llamado “New Bird” por su estilo en parte deudor de Charlie Parker, es lo justo para cohesionar los elementos anteriores. La ligereza y falta de patetismo en los solos de Adderley no hacen su música menos importante, sino que cada frase es meditable, como lo puede ser un verso saboreado en los desapasionados poemas de Valèry. Su posterior acercamiento a estilos más populares (como el Gospel) no se debe a la superficialidad que a veces se le achaca, sino que pensaba que más personas merecían la oportunidad de acercarse al jazz.

Las circunstancias de Kind of Blue, así como los estilos y personalidades de quienes intervinieron en su realización, no dejan de ser interesantes. No en vano se dice que para iniciar una colección de álbumes de jazz uno debe empezar –en un descenso casi gnóstico- por adquirir los discos de Miles Davis, luego los de sus sidemen, los de los sidemen de estos discos y así sucesivamente. Pero en realidad para quienes escuchamos Kind of Blue, no sólo lo anecdótico sino lo histórico termina por perder su importancia. La obra para muchos se vuelve indispensable, acaso por la profunidad y universalidad de lo que expresa, no por nada se conoce como “el único disco de jazz que poseen las personas que no escuchan jazz”. Cuando se habla de su inagotabilidad –no solamente es posible seguir escuchándolo, sino que es dificil dejar de hacerlo- en verdad no se trata de simple palabrería. Como su nombre lo indica, Kind of Blue no es exactamente melancólico, sino una obra abierta que recorre los matices y honduras de este sentimiento, tan intenso no por lo que dice sino por lo que deja entrever. Don't play what's there”, dice Miles Davis, “play what's not there”.


So What


Les pongo este video de youtube con la versión original del disco. Un par de aclaraciones para quien le sea un poco novedoso todo esto.
La primera, en cuanto se suelta tocando la trompeta después de que todos tocan juntos, eso ya es el solo. Creo que podría haber una confusión porque Miles Davis tiende a tocar solos muy estructurados, y alguno podría pensar que es parte de la melodía.
La segunda, después de la trompeta, el primer solo de saxofón (tenor) es de John Coltrane, quien ya empezaba en aquellos tiempos a perder la tuerca y a tocar un poco más rápido y más intenso. En el minuto 5:18 empieza el otro solo de saxofón (alto), de Julian Adderly, éste mucho más clásico. Creo que el cambio se siente (como que dan ganas de aplaudir ahí), pero tampoco sería raro que para alguien pasara desapercibido.
Encontré un video en vivo más interesante, y un amigo hace tiempo me mostró otro. Sin embargo consideré más pertinente poner tal cual lo que se grabó en la sesión del disco, pues esta sesión es lo que se supone que fue tan especial y no tanto las composiciones. Eso es todo, ah y si quieren bajar el track no tendrán mucho problema encontrándolo bajo el nombre de Miles Davis.

2 comments:

Garcín Altoalcázar said...

urgh! guácala. tenías el oído verde!

Miguel Tormentas said...

también tengo sangre azul